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¿Y SI EMPEZAMOS EL AÑO CON GENEROSIDAD?

January 16, 2017

 

Aunque hace tiempo que es bien conocido en los foros de Management, Adam Grant estuvo por primera vez en España en Octubre del 2016, en el World Business Forum de Madrid.  De hecho fue uno de sus ponentes estrella. 

 

Yo lo conozco desde hace algún tiempo y me encanta su trabajo sobre lo que tienen en común lo que él llama los “Originals”, es decir, la gente que realmente piensa de forma diferente y que tiene la suficiente valentía para poner su mente y su energía al servicio de la transformación de sus proyectos, equipos y organizaciones. Adam reivindica el poder de estos “inconformistas” para cambiar el mundo y defiende la importancia de crear culturas que no solo acepten sino que adopten la discrepancia como forma de gestión. 

 

Pero seguramente Adam es más conocido por su libro “Give and Take”, publicado en 2103, y que en su momento supuso para mí una especie de revelación, porque me confirmó algo que siempre he sabido, pero que a veces desafía la lógica al uso: Lo que necesitan las organizaciones para tener éxito, especialmente en los tiempos que vivimos, es asegurarse de que las personas que abordan sus transacciones con generosidad y con la mira puesta en contribuir a la agenda común son reconocidas y recompensadas.  Y no solo eso, sino que se les da libertad para crear y para actuar… No estoy hablando de lo que algunos han traducido como “felpudos” y que yo llamo “pringados”, es decir, los que dan indiscriminadamente y sin entender la importancia de poner límites o de darle valor a lo que ofrecen.  Hablo de los “donantes estrella” o, en mis palabras, de los “donantes estratégicos”, es decir,  las personas que saben gestionar sus generosidad de forma inteligente y que lo hacen de manera natural, porque sin calcular entienden cuándo dar, a quién, cómo y a cambio de qué y abordan sus transacciones siempre desde ese lugar sabiendo que de alguna forma serán recompensados, aunque tal vez no sea en el corto plazo.   

 

Los mejores directivos que conozco son sin duda “donantes estratégicos” y desde esa posición han sido y son capaces de cambiar los destinos de sus equipos y sus organizaciones y de lograr niveles de compromiso y productividad imposibles de lograr para un “receptor” (siempre al servicio de su propia agenda) o para un “equilibrador” (los que andan siempre haciendo cuentas entre lo que dan y lo que reciben).  Cuando veo muchos “receptores” (o falsos donantes) campando por las capas altas de las organizaciones sin consecuencias, tengo claro que la organización pagará esa falta de visión estratégica –o de valentía para ponerlos en su lugar (idealmente fuera)- a medio y a largo plazo.

 

Pongamos de moda de nuevo la “generosidad estratégica” y asegurémonos de que creamos los mecanismos en nuestras culturas organizacionales para que sea la norma y no la excepción.  Eso y apoyar a los que piensan distinto en lugar de premiar a los que nos son fieles crearán el caldo de cultivo necesario para los cambios que nuestras organizaciones necesitan y que no van a poder posponer más. 

 

 

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